Mayangna busca volver a Nicaragua tras explotación

Joven mayangna llevada a El Salvador con papeles falsos busca volver a Nicaragua

Resumen: Una joven indígena mayangna de Yapuwas, Jinotega, permaneció cuatro años en El Salvador realizando tareas domésticas tras ser sacada del país con documentos falsos. Ahora, resguardada por una salvadoreña en La Unión, intenta regularizar su identidad para regresar.

Creado: 2026-10-27 por

Sandra Elizabeth Cornejo Córdoba es una indígena mayangna nacida en Yapuwas, una comunidad de Ayapal, en el departamento nicaragüense de Jinotega. A los 15 años dejó su hogar después de que una mujer le prometiera trabajo en Costa Rica y buenos ingresos para apoyar a su familia. Hoy tiene 19 —aunque ella misma no está segura de esa cifra— y suma cuatro años de explotación laboral en El Salvador. Su meta es acreditar formalmente su identidad y regularizar su condición migratoria para volver a su comunidad; por ahora permanece en el departamento de La Unión, de acuerdo con lo informado por La Prensa de Nicaragua.

  • Perfil: Nació en Yapuwas, Ayapal, Jinotega. El mayangna es su lengua materna; estuvo algún tiempo en la escuela, pero nunca llegó a leer ni a escribir. Tiene 19 años, aunque no puede confirmarlo con certeza.
  • La oferta: Sandra señala a Arelis de los Ángeles Flores Talavera como la mujer que le habló de un trabajo en Costa Rica. El recorrido terminó primero en ese país y después en El Salvador, adonde llegó con documentos falsos, según su testimonio, para lavar ropa, limpiar y cuidar niños.
  • La intervención: Hacia la mitad de 2026 fue dejada en casa de María Ignacia Reyes, una salvadoreña que vive en La Unión. Reyes detectó signos de maltrato, la resguardó, se negó a entregarla cuando la fueron a buscar y contactó a la Policía. La OIM (Organización Internacional para las Migraciones) atiende el expediente.
  • Lo pendiente: Debe demostrar quién es, resolver su situación migratoria y viajar de forma segura. Sus familiares todavía tienen que enviar una partida de nacimiento, requisito para avanzar en la identificación.

De la promesa de empleo al encierro doméstico

Según su relato, la propuesta llegó cuando tenía 15 años: la mujer le dijo que podría ganar dinero en otro país y ella le creyó, pensando en el bienestar de los suyos. En vez de un trabajo remunerado, terminó lavando ropa, limpiando y cuidando niños para la misma persona que se la llevó.

“Ella me ofreció viajar, que yo podía ganar dinero en otro país. Yo le creí, pero realmente me llevaba para que le hiciera trabajos a ella, lavar ropa, cuidar niños y limpiar”, declaró al diario nicaragüense.

El trayecto incluyó papeles falsos. Cuando pidió regresar a Nicaragua, denunció haber recibido amenazas contra su vida. Así transcurrieron cerca de cuatro años, sin ninguna comunicación con sus padres ni con el resto de sus parientes. En Yapuwas llegaron a pensar que había fallecido.

María Ignacia Reyes y la llamada a la Policía

Hacia la mitad de 2026, quien se la había llevado de Nicaragua la dejó en casa de María Ignacia Reyes. Esta salvadoreña, residente en La Unión, notó que la joven estaba lesionada y decidió darle cobijo.

“Sus dedos de pies y manos estaban lastimados, enfermos. Mi hija la curó”, contó Reyes.

Cuando la otra mujer reapareció para reclamarla, Reyes se negó a entregarla, la escondió y contactó a la Policía. Desde entonces impulsa las gestiones para que Sandra reciba respaldo institucional; el caso lo atiende la OIM, conforme al diario nicaragüense. También le compró un teléfono para que pudiera comunicarse con los suyos. Al hablar con ellos, la joven les aclaró que seguía con vida y que los rumores sobre su muerte no eran ciertos.

Idioma, documentos y un retorno que no llega

Reyes ha contado que la adaptación ha sido complicada, en buena medida por la barrera del idioma: Sandra habla en mayangna con sus parientes y las personas que la acompañan no la entienden. Para avanzar hace falta una partida de nacimiento que su familia aún debe hacer llegar. Sin identificación no hay regreso seguro a Ayapal, una zona rural donde la pobreza afecta a muchas familias. Su pedido es concreto: papeles legales, una vía migratoria segura y el reencuentro con sus padres.

El caso de Sandra muestra cómo una promesa de trabajo puede convertirse en una trampa para una mujer indígena que migra sin papeles y que tampoco domina la lectura. También expone la fragilidad de una salida que depende de trámites entre dos países y de un documento que debe cruzar una frontera para devolverle su nombre legal y el camino a Yapuwas.

Últimas noticias