La Policía Nacional de Nicaragua detuvo este miércoles 21 de octubre de 2026 a Rafael Antonio Valdez García, de 42 años, en la finca La Aurora, situada en la comunidad La Fundadora, departamento de Jinotega. El hombre es señalado como autor del femicidio de su esposa, Jasmina López Castro, y del parricidio de su hija, Valeska Valdez López, de nueve años, hechos registrados cuatro días antes en Liberia, Costa Rica.
- Detención: Valdez García fue localizado en una zona rural del norte de Nicaragua, donde presuntamente pretendía refugiarse tras el doble crimen.
- Víctimas: Jasmina López Castro y su hija Valeska Valdez López, de nueve años, ambas de nacionalidad nicaragüense.
- Situación legal: el detenido permanece bajo custodia policial y será puesto a disposición de las autoridades judiciales nicaragüenses para ser procesado por crimen atroz, según informó la institución.
- Antecedente bajo investigación: el Organismo de Investigación Judicial de Costa Rica analizaba una fotografía que documentaría una agresión física previa contra la mujer.
Un rastreo de inteligencia que terminó en el norte del país
De acuerdo con la Policía Nacional, la ubicación del sospechoso fue posible gracias a labores de búsqueda e inteligencia desplegadas tras confirmarse que había ingresado a territorio nicaragüense con la intención de ocultarse en zonas rurales del norte. La captura se produjo en la finca La Aurora, en La Fundadora, y el hombre quedó de inmediato bajo custodia policial mientras avanzaba su remisión ante la Justicia.
La institución calificó el caso como un crimen de extrema crueldad y sostuvo que la muerte de una menor de edad convirtió al detenido en una amenaza para la seguridad ciudadana.
Nicaragua no será refugio para quienes atenten contra la vida e integridad de mujeres y niños. — Policía Nacional de Nicaragua
El doble crimen en Liberia y la ruta de la fuga
Los homicidios ocurrieron el sábado 17 de octubre en la ciudad de Liberia, provincia de Guanacaste, en Costa Rica. Antes de desaparecer, el sospechoso acudió a la casa de una vecina para pedirle que avisara a las autoridades, con el argumento de que había encontrado sin vida a su esposa y a su hija. Sin embargo, cuando la Fuerza Pública y los agentes judiciales ingresaron a la vivienda, el hombre ya no se encontraba en el lugar.
Una testigo declaró que el individuo se comunicó por teléfono para solicitar la intervención policial durante el levantamiento de los cuerpos, según trascendió en medios de comunicación costarricenses.
La fotografía que revisaba el OIJ
Entre los elementos que analizaba el Organismo de Investigación Judicial de Costa Rica figuraba una imagen que documentaría una presunta agresión física ocurrida días antes de los asesinatos. Según esa información, el hombre habría golpeado a Jasmina López Castro en la cabeza con una pala.
Retenes en Costa Rica y el agradecimiento de la familia
Las fuerzas de seguridad costarricenses habían desplegado retenes, revisiones de autobuses, motocicletas y vehículos particulares, además de rastreos en lotes baldíos y edificaciones abandonadas. La búsqueda se concentró especialmente en la zona norte del país ante la posibilidad de que el sospechoso hubiera cruzado la frontera hacia Nicaragua.
Nelson Barquero, viceministro de Unidades Regulares del Ministerio de Seguridad Pública de Costa Rica, había afirmado que las autoridades no descansarían hasta poner al sospechoso a disposición de los tribunales. La captura en Jinotega se produjo después de ese operativo y del pedido de colaboración para localizarlo.
En declaraciones a medios de comunicación, Erlin López, hermano de Jasmina y tío de la menor, expresó el agradecimiento de la familia por las muestras de solidaridad recibidas en Costa Rica. Pese al hermetismo y la timidez de un núcleo humilde abatido por el duelo, compartió el impacto desgarrador que causó la noticia. Añadió que Jasmina llevaba algo más de seis años residiendo en Costa Rica junto al sospechoso, a quien conocían desde Nicaragua por ser originario de la misma zona.
La detención en Jinotega cierra, por ahora, la fase de búsqueda que mantuvo en alerta a las autoridades de ambos países durante cuatro días y abre una nueva etapa: la del proceso penal en Nicaragua por crimen atroz. El caso también expone la coordinación fronteriza entre las policías de la región y la presión por esclarecer un hecho en el que, según la versión oficial, existían señales previas de violencia que no llegaron a detener el desenlace.