Lo que Samer Samir Alwazir González planeó como una visita breve a la familia de su padre terminó convirtiéndose en una estadía de cinco años. Este nicaragüense, hijo de madre nicaragüense y padre palestino, viajó desde León a la Franja de Gaza en 2021, después de graduarse en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León), con la intención de acompañar la boda de uno de sus hermanos y reencontrarse con sus parientes palestinos. Desde el inicio de la guerra en 2023, asegura que no ha podido salir del territorio.
- El origen del viaje: Samer Samir Alwazir González llegó a Gaza en 2021 para la boda de un hermano y para conocer a la familia de su padre.
- Sin ruta de salida: sostiene que su pasaporte nicaragüense no le garantiza abandonar el territorio y que requiere una autorización del gobierno de Israel que puede tardar meses o años.
- El costo humano: relata bombardeos, desplazamientos constantes, falta de alimentos y la imposibilidad de trabajar durante tres años de conflicto.
- Contexto humanitario: el Programa Mundial de Alimentos redujo su asistencia en Gaza de 1,6 a 1,1 millones de personas por falta de fondos, mientras 1,4 millones enfrentan inseguridad alimentaria aguda.
De una boda en 2021 a tres años de supervivencia
Según su propio testimonio, difundido en videos de la cuenta “Soy Samer” en TikTok, el viaje coincidió con la celebración familiar y con el reencuentro con la rama paterna. Su estancia quedó marcada por el estallido del conflicto en 2023, que lo dejó sin posibilidad de retornar a Nicaragua.
“Viajé antes de la guerra y quedé atrapado como 2 millones de personas”, expresó en una de las grabaciones. En sus publicaciones describe una rutina atravesada por los bombardeos, los traslados forzados y las severas restricciones de movilidad que pesan sobre la Franja.
El joven explica que su documento nicaragüense no le sirve como salvoconducto. “Nicaragua, mi gente. Literalmente estoy atrapado. Aquí no hay aeropuertos y hay un bloqueo fronterizo”, señaló.
La autorización israelí, el obstáculo que no se resuelve
De acuerdo con su relato, cualquier salida pasa por el visto bueno del gobierno de Israel, un trámite que no depende de su voluntad ni de su nacionalidad centroamericana. “Para yo poder regresar a Nicaragua, literalmente, necesito ser aceptado por lo que es el gobierno de Israel. Y ese proceso de aceptación lleva meses, incluso puede llevar años”, afirmó.
En su testimonio no aparece información pública sobre una solicitud formal presentada ante autoridades nicaragüenses ni sobre gestiones consulares vinculadas a su caso. Sus grabaciones, según lo que él mismo expone, han sido una forma de buscar apoyo oficial sin obtener una respuesta que considere satisfactoria.
“Por supuesto que no estoy bien. Llevo tres años sobreviviendo con mi familia, corriendo de un lugar para el otro, dejando nuestra ropa atrás, sin trabajar, sin comer, viendo a las personas morir”, dijo en uno de sus videos.
Bombardeos, desplazamientos y menos ayuda humanitaria
El 10 de octubre, según su propio recuento, sobrevivió a un bombardeo que cayó a menos de 20 metros del lugar donde se encontraba. Contó que estaba en el segundo piso de un edificio y que se lanzó al suelo al escuchar la explosión. “Por mucho que vivas este tipo de situaciones, uno no se puede acostumbrar”, sostuvo. Días después describió otra noche de ataques como una de las peores que ha vivido desde que llegó.
Sus publicaciones muestran edificios destruidos, zonas golpeadas por los ataques y escenas de la vida cotidiana junto a su familia. También habla de la escasez de alimentos, de la falta de empleo y de los traslados continuos de un punto a otro del territorio.
Ese deterioro se refleja en las cifras del Programa Mundial de Alimentos, que el 19 de octubre informó que recortó su cobertura por falta de fondos: pasó de atender a 1,6 millones de personas a 1,1 millones. El organismo estimó que 1,4 millones de habitantes de Gaza enfrentan inseguridad alimentaria aguda en niveles de crisis o superiores.
“Por los momentos seguiré tratando de sobrevivir, seguiré tratando de documentar lo que está pasando aquí”, manifestó. Su meta declarada sigue siendo la misma que en 2021: regresar a León y reencontrarse con la parte nicaragüense de su familia.
El caso deja ver una dimensión poco atendida de la guerra: la de los extranjeros con vínculos familiares en Gaza que quedaron atrapados por la combinación de un bloqueo fronterizo, la ausencia de aeropuertos operativos y un trámite de autorización que no depende de ellos. Mientras no cambien esas condiciones, la salida de Samer Alwazir continuará dependiendo de decisiones ajenas y de un contexto humanitario que se estrecha con cada recorte de asistencia.