Román González vs Rey Martínez: como arte para Chocolate

Por René Pineda:

Fue Norman Mailer el que una vez escribió que Ali probaba que el boxeo era un arte. Con sus piernas como pinceles, bailaban toda la noche una danza de esplendor y magia. No ha existido nadie más grande. La noche del sábado todos tenían ganas de decir que Román Chocolatito González era la nueva versión de arte boxístico, de fiesta desenfrenada para los ojos, de adjetivos repetidos que se han desgastado con el tiempo de verlo hacer lo mismo una y otra vez con una magnanimidad cada vez mayor.

Cada espectador quiere decir algo nuevo, inventar la palabra adecuada para ponderar al cada vez más grande peso pequeño que halla existido.

Desde la mítica trayectoria de John Wilde hasta la brillantez de Ricardo Finito López no había existido un boxeador como Chocolate, no con esas armas, no con ese estilo, no con esa capacidad de destrucción, no con esa fortaleza, ni con esa precisión de golpeo; no con todo eso junto.

Es como un águila que flota en el cielo o una serpiente que va y viene con su colmillo envenenado. Te ataca y te frustra, se defiende y te hace ver menos. Rey Martínez había dejado un sello de valor en sus peleas, pero esa noche era lo más parecido a una hormiga en la boca de un oso hormiguero.

Si aguantas una paliza como la que recibió Martínez no creo que sea un consuelo que te digan que fuiste digno o que si masacraron tu cuerpo toda la noche desaparece el hecho que nunca tuviste una oportunidad.

No sé de donde sacó el entusiasmo para pedir una revancha, menos si te clavan más de 700 golpes en 36 minutos; casi 20 en 60 segundos y agreguen 100 en los dos últimos asaltos; además te demuestra que a los 34 años puede conseguir la preparación de un jóven de 20 y de verse arrogante sin pretenderlo al no sentarse en los tres últimos asaltos.

Cada golpe es un trazo, un brote de pintura que salpica la piel, como puños que se mueven con vida propia; son como espadas que hunden su filo helado en tu espíritu, como una ceremonia de golpes que no te dejan pensar, que te arranca las ideas como cuando se le corta la cabeza a un pollo.

No hay en Chocolate un asomo de estar golpeado o desgastado, de estar cansado o viejo. Nadie hace planes a esa edad en este deporte, pero aún no hay señales de retiro.

Su presente sigue siendo una amenaza para el futuro de jóvenes como Joshua Franco, Jesse Rodríguez y Fernando Martínez.
Verlo pelear es como ver pintar un Pollock, esparciendo colores con sus golpes o haciendote sentir que puedes ser deslumbrado por algo tan nuevo y raro, boxeador con la capacidad para no permitirle a sus adversarios

¿Acaso no se asombró con la frialdad de su ataque?, ¿No grito acaso con la admiración en la garaganta?, ¿No tuvo la necesidad de ponerse de pie y luego arrodillarse ante la belleza deportiva?, ¿No quiso aplaudir hasta que sangraran sus manos?
Yo sí. No pude evitarlo.